viernes, abril 22, 2016

Palomas en alta mar

Palomas en alta mar
Aporte de VV 



Muchas son las aves que no pueden adentrarse en el mar, al no poder remontar el vuelo si caen al agua. Dicen que las palomas no son capaces de sobrevivir en la mar y que cuando un temporal las aleja de las costas, están condenadas a morir pues al agotarse de tanto luchar por alcanzar la tierra, caen sin remedio sobre las olas y sin posibilidad de remontar el vuelo. Lo cierto es que estas ideas propuestas en algunos libros de biología, son sencillamente erróneas.

Navegábamos en un velero de 12 metros, a unas 30 millas mar adentro en el Atlántico y a la altura de Lisboa con rumbo sur. Unas horas antes habíamos pasado un buen susto por culpa de una pequeño temporal que dejó tras de sí una mar agresiva plagada de rompientes que en tres o cuatro ocasiones consiguieron tumbar el velero de forma preocupante y dejarlo totalmente sin arrancada, cuando una ola rompiente se abalanzaba sobre nuestra amura, escorando el barco hasta acercar las crucetas al ras de la turbulenta superficie del mar.



A media milla por nuestro estribor navegaba un pesquero que desaparecía de forma intermitente cada dos o tres olas, cuando él o nosotros nos hundíamos en los senos de la mar formada. Con el océano así de chungo, ver un barco en la cercanía te transmite una cierta serenidad, mientras piensas lo pequeño que le pareceríamos al otro barco en mitad de tanto movimiento.
El anemómetro no registraba más allá de fuerza 7 con algunas rachas de 8, pero con ese maretón montado entiendes de buenas a primeras, como perder a alguien por la borda significa, con mucha probabilidad, una sentencia de muerte para el desafortunado tripulante. Imaginar a alguien caído por la borda con el barco muy escorado entre olas de 2 ó 3 metros y esas rachas zumbando en los oídos daba cierto acongojo.
Y en mitad de tal disertación apareció de la nada una paloma volando a rápidos trompicones, y con claras intenciones de abordarnos por donde fuera. En el primer asalto, el ave se estrelló contra el rizo de mayor que llevábamos y se fue deslizando a lo largo del blanco dacrón hasta caer de nuevo al agua. El desafortunado animal se quedó flotando mientras nos alejábamos de él a buen ritmo. Al cabo de unos cuantos segundos la paloma se puso a aletear con energía luchando con fuerza para despegarse de la superficie del mar y tras una complicada maniobra de aproximación, se preparó para una toma dura a mucha velocidad sobre la cubierta de nuestro improvisado portaviones. 



Entre bandazos y sorprendentes figuras acrobáticas consiguió estrellarse sobre nuestro roof pero el viento la arrojó nuevamente por la borda sin posibilidad de asirse a los muchos herrajes y cabos de la jarcia de labor.

De nuevo la paloma nos observaba a sotavento y supongo que angustiada, flotando arriba y abajo con cada paso de ola, ansiando nuestro velero como una tierra de salvación. A pesar de sus enormes dificultades, no renunciaba lograr su complicada proeza y pasados uno o dos minutos se puso a batir las alas con energía y despegar de nuevo el vuelo. La aproximación siempre seguía un mismo patrón. El ave ganaba unos cien metros de barlovento sobre nuestra posición y se lanzaba como podía y a mucha velocidad sobre nuestro barco, encarando el viento justo al final. Podíamos entender la angustia del pájaro por subir a bordo de nuestro barco y todos nosotros deseábamos su éxito tanto como ella. No recuerdo si fue en un tercero o cuarto intento cuando tras nuevas increíbles maniobras dignas del mejor "top-Gun" y que ya quisieran para sí los mejores cazas del ejército del aire, la paloma consiguió aterrizar con éxito sobre el barco cerca de una de las brazolas de la bañera.


La paloma no sintió ningún reparo por nuestra presencia pero preferimos guardar algún metro de distancia para no asustarla. Nunca hizo el más mínimo intento de huir de nosotros y compartió la cubierta como un tripulante más. La sacamos un poco de agua dulce en un tapón de gaseosa, y con ese único bebedero continuó con nosotros durante muchas horas de travesía hasta que de madrugada alcanzamos un refugio en la costa de Portugal, protegidos de la mar y del viento. Tras fondear y arranchar un poco el barco estuvimos cenando en la bañera y la paloma simplemente decidió saltar hasta el primer piso de crucetas en donde estableció su nuevo campamento mientras cenábamos allá abajo en la mesa de bañera.

Me acosté el último, de madrugada, ya con el viento muy calmado y el agua remansada en mitad de la cala. La paloma seguía descansando como nuestra invitada, en su “apartamento” del primer piso de crucetas y supuse que se encontraba cómoda y agradecida por haberla conducido hasta tierra firme. Por la mañana cuando amanecimos, ella ya había emprendido el vuelo y estoy seguro que supo encontrar su camino a casa como buena paloma que es.
Imagino la alegría al alcanzar su palomar. Ya sé que tus hermanas palomas nunca sabrán de tu heroica lucha, pero al menos nosotros nos sentimos felices de podemos relatar tu magnífica hazaña; La de la paloma oceánica.

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